Carmen Se Ha Enamorado De Un Seг±orito Estirado ... 🆓

Carmen, que era puro fuego y calle, no entendía qué hacía suspirando por alguien que medía las palabras como si fueran diamantes. Él hablaba de la "estacionalidad del mercado" y del "linaje de los viñedos"; ella hablaba con las manos, con risas estruendosas y con la verdad por delante.

— Carmen, querida, modera el tono —le decía él cuando ella saludaba con entusiasmo al castañero de la esquina—. La discreción es la mejor de las virtudes. Carmen se ha enamorado de un seГ±orito estirado ...

A veces, cuando paseaban por el parque, Julián caminaba un paso por delante, como si temiera que la espontaneidad de Carmen manchara su traje de lino impecable. Él le ofrecía el brazo con una cortesía tan ensayada que parecía un trámite notarial. Carmen, que era puro fuego y calle, no

Carmen se había enamorado de un señorito estirado, uno de esos hombres que parecen llevar un bastón invisible cosido a la columna vertebral. Se llamaba Julián, y su mundo olía a lavanda inglesa, cuero de zapatería fina y a un árbol genealógico que pesaba más que su propia conciencia. La discreción es la mejor de las virtudes

Y mientras él seguía enumerando las bondades de la etiqueta, Carmen comprendió que un corazón que no sabe despeinarse, difícilmente sabría cómo amar a una mujer que era, por derecho propio, un vendaval.

Ella lo miraba y, por un segundo, la llama de su amor flaqueaba. Julián era hermoso, sí, como una estatua de mármol en un museo, pero el mármol siempre está frío. Carmen empezó a sospechar que su "señorito" no buscaba una compañera, sino un adorno que no desentonara con las cortinas de su salón.