Decidió ir a la izquierda. El orden parecía un refugio seguro para una mente racional.
—¿Cómo sabía que vendría? —preguntó Elara, entrando con cautela. Una novata en un cuento de hadas
La bruja sonrió, y por un momento, sus ojos reflejaron constelaciones enteras. Decidió ir a la izquierda
—¿Y qué gano yo a cambio? —preguntó Elara, recuperando un poco de su instinto del mundo real. —preguntó Elara, entrando con cautela
Era la primera vez que Elara pisaba un suelo que no obedecía a la gravedad, sino a las rimas. Al cruzar el umbral del viejo roble en el jardín de su abuela, no cayó en un agujero, sino que aterrizó suavemente sobre un campo de margaritas que pedían perdón cada vez que ella las pisaba.
Elara tragó saliva. Su guía de supervivencia (que consistía básicamente en recuerdos borrosos de los hermanos Grimm) no la había preparado para la hostilidad pasivo-agresiva de la flora y fauna local.